
Desde ayer, lunes 5 de octubre, la cerámica volvió a ocupar un lugar central en el corazón de Bariloche. La Sala Frey del Centro Cívico abrió sus puertas a la 11ª edición de Wizün, Tienda de Cerámica, un espacio que nació para poner en valor la producción de las y los ceramistas locales y que, edición tras edición, se convirtió en una verdadera vidriera del talento barilochense.

Hasta el lunes 12 de octubre, de 10 a 22 horas, residentes y turistas pueden acercarse a conocer y adquirir piezas realizadas por más de 20 emprendimientos de la ciudad. Tazas, mates, tazones, cuencos, bandejas, vajilla y múltiples objetos de uso cotidiano aparecen allí transformados por el trabajo de manos que convierten la arcilla en objetos con identidad propia.

Pero Wizün es mucho más que una tienda. Es el resultado de una manera de entender la producción: trabajar juntos, mostrar lo que se hace en Bariloche y generar oportunidades para quienes encuentran en la cerámica una forma de expresión y también una fuente de trabajo. La propuesta nació a partir del reconocimiento del oficio alfarero y de sus productores por parte de la Secretaría de Producción y Empleo de la Municipalidad de San Carlos de Bariloche.

Y esta vez hay una novedad que le da un carácter especial a la experiencia: En esta edición, Wizün se mudó a la Sala Frey; el colectivo de ceramistas tomó este nuevo espacio del Centro Cívico y encontró una manera diferente de organizar la exposición.

En lugar de que cada emprendimiento tenga necesariamente su propio sector, esta edición propone una distribución por piezas y universos de uso. Hay sectores de tazas, de mates y de otros objetos, con una particularidad fundamental: las producciones de todas las ceramistas se entrelazan y conviven, construyendo una exposición colectiva que refleja justamente el espíritu de Wizün.

Y cuando uno se detiene frente a las piezas, descubre que no existe una única manera de trabajar la cerámica. Hay cerámica gres, cerámica tradicional, piezas que incorporan arena volcánica de la zona, trabajos sin esmalte y técnicas como el bruñido, en las que la superficie se trabaja reiteradamente hasta alcanzar una terminación particular, antes de pasar por el fuego.

Ahí aparece una de las claves de este oficio: tierra, agua, aire y fuego transformados por el conocimiento humano. Cada pieza atraviesa un proceso que exige tiempo, paciencia, precisión y experiencia. Lo que finalmente llega a una mesa, a una cocina o a una estantería comenzó siendo apenas un material que las manos de una ceramista supieron reconocer, modelar y convertir en algo nuevo.

La historia de la cerámica es, en ese sentido, también una historia de la humanidad. La alfarería se encuentra entre las tecnologías más antiguas y extendidas del mundo: hace miles de años las comunidades comenzaron a transformar la arcilla en recipientes y objetos que servían para cocinar, almacenar, transportar, celebrar y expresar creencias. La cerámica también permitió conservar formas, dibujos y conocimientos de sociedades de las que hoy conocemos su existencia, en parte, gracias a esos fragmentos que sobrevivieron al paso del tiempo.

En distintas culturas y épocas, las piezas de cerámica fueron mucho más que objetos utilitarios. Fueron portadoras de historias, símbolos, tradiciones y maneras de comprender el mundo. En los Andes, por ejemplo, las formas y decoraciones de antiguos recipientes permitieron transmitir ideas y prácticas rituales durante generaciones.

Por eso, cuando una persona compra una pieza en Wizün, no se lleva solamente una taza, un mate o un cuenco. Se lleva una pequeña parte del trabajo de alguien, de una técnica, de una mirada y de una historia que continúa escribiéndose en Bariloche. Y, al mismo tiempo, contribuye a que ese saber artesanal siga vivo.

Hay, además, una dimensión profundamente humana detrás de cada objeto. Las piezas no salen de una línea de producción idéntica: tienen diferentes texturas, marcas, colores y formas que hablan de quien las hizo. Esa posibilidad de encontrar la belleza y valor en lo hecho a mano es parte de la experiencia que propone Wizün.

La iniciativa representa además una apuesta concreta por la producción local y el empleo, acompañando a quienes emprenden, producen y comercializan en la ciudad. Desde la Secretaría de Producción y Empleo se sostiene una política de acompañamiento que busca abrir espacios de comercialización y visibilización para los distintos sectores productivos de Bariloche. En Wizün, esa tarea encuentra una expresión concreta: el trabajo de las ceramistas llega directamente al público y adquiere un espacio para ser conocido y valorado.

Y hay algo más que atraviesa toda la propuesta: la convicción de que lo colectivo potencia lo individual. Wizün reúne distintas historias, estilos y técnicas bajo una misma identidad. Cada ceramista conserva su esencia, pero todas forman parte de una construcción común que permite mostrar hacia afuera la diversidad y la capacidad productiva de Bariloche.

Durante estos días, la Sala Frey se convierte así en un lugar para mirar con otros ojos los objetos que nos acompañan todos los días. Para descubrir que detrás de una taza puede haber horas de trabajo; que detrás de un mate puede haber una técnica transmitida y perfeccionada; que detrás de un cuenco puede existir una búsqueda artística; y que detrás de cada emprendimiento hay una persona que decidió transformar una materia milenaria en una oportunidad para crear y trabajar.

Y la visita a Wizün también tendrá un premio para quienes elijan acompañar y apoyar la producción local. Una vez más, quienes realicen sus compras en la Sala Frey podrán participar del sorteo que se realizará el viernes 9 de octubre, con órdenes de compra cuyos montos fueron actualizados como una manera de reconocer y agradecer a los fieles clientes de Wizün. Habrá un primer premio de $50.000 y, además, se realizará un segundo sorteo a través de las redes sociales de Wizün por una orden de compra de $35.000.

En esta edición, además, se suma especialmente un sorteo a través de Instagram por otra orden de compra de $35.000. Las condiciones para participar se encuentran disponibles en @wizun.ceramica, donde también se pueden conocer las novedades y producciones que forman parte de esta nueva edición de la tienda.

Wizün invita a entrar, mirar, descubrir y elegir. A encontrarse con la cerámica hecha en Bariloche y con quienes sostienen este oficio desde la creatividad, el esfuerzo y la producción. Hasta el lunes 12 de octubre, la Sala Frey es el punto de encuentro entre la tierra y las manos, entre una tradición que atraviesa miles de años y una nueva generación de ceramistas que sigue dándole forma al futuro.

Porque eso es lo más poderoso de la cerámica: que algo que nace de la tierra puede atravesar el fuego, convertirse en belleza y terminar formando parte de la vida cotidiana de otra persona. Y en Bariloche, durante estos días, esa historia se puede conocer, admirar y llevar a casa.
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