
Madre e hija fueron encontradas con muy baja condición corporal, expuestas a pleno sol y sin ningún tipo de refugio, en un estado que evidenciaba una falta prolongada de cuidados básicos. Sus cuerpos debilitados y su estado general no dejaron lugar a dudas: no se trató de un descuido ocasional, sino de una situación sostenida de maltrato.
Tras su ingreso al área de Sanidad Animal, ambas comenzaron un proceso de recuperación integral. Se les indicó una dieta nutricional específica para revertir el deterioro físico, se les aplicaron las vacunas obligatorias (antirrábica y séxtuple), antiparasitarios y se realizaron estudios para descartar enfermedades infectocontagiosas.
Actualmente permanecen alojadas en el sector de caniles, donde ya iniciaron un proceso de resocialización, paso fundamental para su futura adopción.

Desde el área, el director de Sanidad Animal, Roque, fue contundente al referirse al caso:
“Manchas y Canela son el resultado de la irresponsabilidad humana. El maltrato animal no siempre es un golpe visible: también es el abandono, la falta de alimento, de refugio, de atención veterinaria. Esto no es pobreza, es desinterés y negligencia, y como sociedad no podemos naturalizarlo”, afirmó.
El funcionario remarcó además que la adopción no puede ser entendida como un acto impulsivo o emocional, sino como una responsabilidad a largo plazo:
“Adoptar es asumir un compromiso de por vida. No se trata solo de ‘llevarse un animal’, sino de garantizar alimento, atención veterinaria, abrigo y cuidado. Cuando eso no se cumple, el Municipio termina interviniendo para salvar vidas que nunca debieron llegar a este punto”, señaló Roque.

El caso de Manchas y Canela no es aislado. Desde Sanidad Animal advierten que las denuncias por maltrato y abandono continúan en aumento, y que detrás de cada rescate hay animales que llegan al límite de sus fuerzas, marcados física y emocionalmente.
Mientras continúan recuperándose, ambas perras esperan una nueva oportunidad. Una oportunidad que, esta vez, esté basada en la tenencia y adopción responsable, lejos del abandono y la indiferencia que casi les cuesta la vida.
El rescate duele, pero también interpela: el maltrato animal existe, sucede cerca y es una responsabilidad colectiva no mirar para otro lado.
