Bariloche concretó la primera adopción responsable de equinos: la historia de Coco

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Durante mucho tiempo fue un gran caballo. Luego, ya avanzada su edad, se volvió uno más: invisible, cargando en el cuerpo las marcas de años de abandono. Hasta que un día apareció deambulando por la vía pública en Bariloche, herido, debilitado y sin rumbo. Ese fue el punto de quiebre de una historia que hoy empieza a escribirse de otra manera.


Cuando el equipo de Sanidad Animal logró capturarlo, el diagnóstico fue contundente: desnutrición severa, condición corporal de 1 sobre 5, múltiples traumatismos, una herida cortante en uno de sus miembros posteriores y cicatrices antiguas en todo el cuerpo. Cada lesión hablaba de un pasado difícil. Cada paso que daba, del dolor acumulado.

Ingresó al predio municipal en un estado muy comprometido. Allí comenzó un proceso lento, paciente, casi silencioso. Alimentación reforzada, suplementación, desparasitación, controles clínicos. Día a día, el equipo veterinario trabajó no solo para estabilizarlo, sino para darle una oportunidad. Aun así, había algo que no podía resolverse puertas adentro: la necesidad de un entorno donde pudiera terminar de recuperarse.
Fue entonces cuando su historia empezó a cambiar.
En paralelo al tratamiento, el Municipio había puesto en marcha el programa de adopción responsable de equinos. Coco —nombre elegido para marcar un nuevo comienzo— fue el primer caso en el que se decidió avanzar por este camino, tras no aparecer ningún propietario que lo reclamara.

Y ahí apareció una familia.
Romina, Juan y su familia se acercaron con la intención de adoptar. Como muchos otros vecinos que ya se habían inscripto en el registro municipal, buscaban brindar una oportunidad. Pero el encuentro con Coco fue distinto. No hizo falta mucho tiempo: lo vieron, entendieron su estado, y eligieron hacerse cargo de su historia.

El cambio empezó incluso antes de irse: dejar de llamarlo “Viejo” fue una forma de cerrar una etapa. Coco ya no era solo un caballo recuperándose; era un integrante más que estaba por llegar a casa.

“Estos casos necesitan algo más que atención veterinaria. Necesitan tiempo, paciencia y un entorno donde puedan realmente mejorar”, explicó la jefa de quirófano, Noemí Cifre, quien siguió de cerca su evolución.

La adopción implica un compromiso profundo. Coco requiere alimentación especial, seguimiento clínico, cuidados constantes y un manejo adecuado de sus lesiones. Pero también necesita algo esencial: presencia. Alguien que lo mire, que lo acompañe, que entienda sus tiempos.

“Es una emoción enorme para nosotros. Gracias a Sanidad Animal por todo lo que hacen y por darnos la posibilidad de ser parte de la vida de este caballo”, expresó Romina, conmovida.

Mientras tanto, el trabajo continúa. Cada semana ingresan nuevos equinos al predio municipal, muchos en condiciones similares, reflejando una problemática que crece y exige respuestas sostenidas.

Pero entre tantas historias difíciles, la de Coco marca un antes y un después.
Porque ya no camina solo. Porque alguien decidió hacerse cargo. Porque, después de tanto, encontró algo más que cuidados: encontró un lugar. Y eso, para un animal que lo había perdido todo, lo cambia todo.

“La decisión política de nuestro intendente es muy clara: caballo que anda suelto en la vía pública, caballo que se captura y se pone a resguardo. Es una tarea que realizamos todos los días, pensando tanto en la salud y el bienestar de los animales como en la prevención de accidentes viales. Sabemos que es mucho trabajo, que muchas veces implica situaciones complejas, pero hay un equipo de Sanidad Animal que está a la altura, que lo hace con un compromiso enorme y con una convicción muy fuerte de que este es el camino”, expresó Roque.

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