
La Dirección General de Sanidad Animal de Bariloche realizó este miércoles dos intervenciones por denuncias de equinos sueltos en la vía pública, una problemática que vuelve a encender las alarmas por el riesgo que representa para los animales, los vecinos y los conductores.
El primer procedimiento tuvo lugar en el barrio Casa de Piedra, donde se denunció la presencia de una potranca colorada. Luego, en el barrio Jamaica, en la intersección de calle 6 y De las Estrellas, los equipos municipales encontraron una yegua que ya había sido capturada anteriormente por circular suelta, junto con un potrillo.
Según informó el área municipal, durante el operativo se presentaron los propietarios, quienes retiraron los bozales de los animales y obstaculizaron las tareas de resguardo. La yegua volvió a quedar suelta y, asustada, salió galopando por calle 6, exponiendo nuevamente a los animales y a los vecinos a una situación de peligro.
Ante lo ocurrido, se labró un acta de infracción y se radicó una denuncia policial que seguirá su curso por las vías correspondientes.
El director general de Sanidad Animal, Pablo Daniel Roque, cuestionó duramente la reincidencia de algunos propietarios y advirtió sobre la gravedad de estos hechos.
“Tenemos propietarios cuyos equinos fueron capturados dos y hasta tres veces en lo que va del año. Interviene el Juzgado de Faltas, se resuelve su devolución y después volvemos a encontrarnos con los mismos animales sueltos y en las mismas zonas. Esto es una irresponsabilidad que no podemos naturalizar”, sostuvo.
Y agregó: “No vamos a permitir agresiones ni obstrucciones al trabajo de nuestros agentes. Nuestros equipos intervienen a partir de las denuncias que realizan los vecinos al 103, porque entienden el peligro que representa un caballo suelto en la calle. Bariloche ya tuvo que llorar víctimas por esta problemática. No queremos volver a vivir una tragedia para que se comprenda la gravedad de lo que estamos advirtiendo”.
Desde Sanidad Animal insistieron en que la tenencia responsable implica mantener a los equinos en espacios seguros y bajo control. La reiteración de estos episodios no solo pone en riesgo vidas, sino que obliga a movilizar recursos municipales una y otra vez para atender situaciones que pueden prevenirse.
“La responsabilidad no termina cuando se devuelve un animal. Termina cuando su propietario garantiza que no vuelva a poner en peligro a toda una comunidad”, concluyó Roque.